¿Existen los Reyes Magos? Por supuesto que sí. Fantasía y realidad se funden y se confunden en Navidad. Un poco por tradición y un poco por conveniencia. A la mayoría de los seres humanos de este planeta nos gusta vivir durante unos días inmersos en un juego de ilusiones y buenos propósitos. Es una cuestión de salud, mental y física.

Para los niños, la Navidad es una época en la que la realidad fantástica en la que ellos viven durante todo el año, se magnifica. Según los especialistas, los niños van adquiriendo un grado de comprensión de la realidad cada vez más alto a medida que pasan los años.

“Entre los 1 y 4 años, perciben los camellos e incluso a los Reyes Magos como una realidad. Todavía no están preparados para comprender conceptos abstractos. De los 4 a 6 años, los niños pueden comenzar a preguntarse si los Reyes Magos son reales. Entre los 6 y los 8 años, están preparados para comprender que los Reyes Magos no son reales, o al menos no en sentido estricto. La capacidad para pensar de forma abstracta se desarrolla normalmente entre los 7 y los 14 años”.  Fuente: Faros, web del Hospital Sant Joan de Déu.

En Navidad, también los adultos fingimos creer en la fantasía y en los Reyes Magos. Y eso, a pesar de que nuestras ondas cerebrales no son las más adecuadas para hacerlo.

“De los 2 a los 5 o 6 años, los niños empiezan a manifestar unas frecuencias de las ondas un poco más altas, las zeta, de 4-8 ciclos por segundo. Los niños que funcionan en zeta viven en un estado similar al del trance y están conectados sobre todo a su mundo interior. Viven en el reino de lo abstracto y de la imaginación y muestran pocos matices del pensamiento crítico y racional. Por esta razón, los niños pequeños tienden a aceptar lo que se les dice. (Papá noel es real)”. Fuente: libro “Deja de ser tú. La mente crea la realidad”, de Joe Dispenza.

La Navidad es una época en la que, de repente, como por arte de magia, los adultos comparten con los más pequeños un mismo propósito: todos sienten el irrefrenable impulso de regalar y ser regalados. Por amor, por familiaridad, por amistad, por compromiso o porque sí. Por y para que existan los Reyes Magos.

Los regalos en Navidad nos conectan con la fantasía y los deseos. Hacer un regalo es transmitir un mensaje de amor. “Regalar” significa “reconocer” a la persona a la cual regalamos. Reconocer sus valores, sus virtudes, su talento, su sensibilidad, su cultura.

Algunos regalos, por ejemplo, un buen libro, son un elogio porque demuestran que consideramos personas cultivadas a quienes los reciben. Lo mismo sucede con el arte, cuando el arte se convierte en regalo.SERGIOMORA_PUREIMAGINATION_d

Regalar arte a un niño es tenerlo en consideración, “reconocerlo” hacerle pensar que es importante, y, por lo tanto, ayudarle a aumentar su autoestima.

Si regalamos un cuadro a un niño, uno de nuestros propósitos será el de proporcionarle una imagen estimulante y bonita pero también la oportunidad de conocer y conectar con su sensibilidad y a aprender a apreciar la belleza.

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Además esa imagen no perderá valor cuando el niño pase a una nueva etapa de su infancia, o cuando crezca, se desarrolle y se convierta en adulto, al contrario, la imagen regalada, con el tiempo, le resultará familiar y reconocible, y su significado emocional y artístico se enriquecerá.

Nuestro regalo lleva la firma de un artista y lleva también el nombre del niño como propietario, algo que hará que lo conserve creando un vínculo emocional más profundo que el que se tiene con un juguete.

Seguramente muchos recordamos lo que había colgado en las paredes de nuestra habitación cuando éramos pequeños y quizás a muchos, nos gustaría recuperarlo. Un regalo Plom Gallery puede convertirse en un recuerdo para toda la vida.

 

 

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